«Cada niño vulnerable es una oportunidad para encarnar la compasión de Cristo.» Esta afirmación resume el llamado que Jesús nos hace a proclamar buenas nuevas a los afligidos, vendar a los quebrantados de corazón, anunciar libertad a los cautivos y abrir puertas de esperanza a quienes están oprimidos (Isaías 61:1–2).
Con gratitud y profunda esperanza presento ante ustedes este Anuario 2025, un testimonio vivo de la obra de Dios en la niñez y juventud a través del compromiso fiel de cada uno de ustedes. Es mi oración que el Señor mismo les recompense al ciento por uno por todo lo invertido en su Reino (Marcos 10:29–30).
El año 2025 está marcado por hitos significativos, entre ellos la consolidación del nuevo modelo de desarrollo conocido como Ciclo del Programa (PCA por sus siglas en inglés). También celebramos la graduación exitosa de varios de nuestros socios locales, quienes ahora cuentan con las competencias necesarias para continuar sirviendo a poblaciones altamente vulnerables. De igual manera, reconocemos el fortalecimiento administrativo de nuestras fundaciones y la implementación efectiva del programa Transformación Centrada en la Verdad.
Estos y otros avances dan testimonio de un ministerio que ustedes mismos ayudan a construir día a día, respondiendo al llamado de Isaías 61 y encarnando el corazón de Cristo en sus comunidades.
Quiero honrar profundamente a cada uno de ustedes, quienes han dicho "sí" al llamado de servir a la niñez en situación de vulnerabilidad. Sabemos que este trabajo no es sencillo; demanda constancia, discernimiento, sensibilidad y, sobre todo, un corazón moldeado por el carácter de Jesús. No obstante, también sabemos que nuestro trabajo en el Señor no es en vano (1 Corintios 15:58), y que cada semilla sembrada en la vida de un niño puede convertirse en un futuro lleno de propósito.
Al avanzar hacia un nuevo año, oro para que Dios siga fortaleciendo sus manos, afirmando sus pasos y llenando de sabiduría cada decisión. Que nuestras iglesias continúen siendo refugio, familia y puente hacia la plenitud de Cristo.
Con aprecio fraternal en Cristo,